La respiración, que es la base de la formación de cada fonema y de los tonos musicales, viene a ser de este modo, vivificada y armonizada, la motivante del equilibrio del ser entero. A partir de los elementos musicales, de las vocales, de las consonantes, de los tonos, de la resonancia y de los movimientos respiratorios rítmicos, el cantante empieza a experimentar una sensación de liberación sanadora.
Cuando la voz es opaca, desarmonizada, sin matices, como un instrumento desafinado, todo el cuerpo y el alma carecen de sintonía, posibilitando la aparición de la enfermedad Psico –Física. Lo que calla la voz, duele en el cuerpo, llora en el alma. El silencio, lo que callamos, ahogamos, bloqueamos, queda enquistado en la zona laríngea, produciendo lo que en Psicología se llama Angost = angostura, angustia, estrechez. La angustia está localizada en el área de la comunicación, por ello quien se calla, se encierra, se “ahoga”, presenta síntomas de aislamiento, depresión y/o baja autoestima,
El canto en sí, es auto terapéutico, ya que el cantar libera endorfinas, modifica el estado anímico y pone en vibración cada fibra de nuestro ser, armonizando el cuerpo físico, el emocional y el espiritual, dando vitalidad y energía a todo nuestro ser.
Al cantar la persona que sufre, empieza a vibrar con sus propias posibilidades, armonizándose y revitalizándose. Vuelve al centro de su propio ser al emitir sonidos armoniosos, brillantes y potentes. A nivel terapéutico la voz funciona como un canal por donde pasa, a modo de cascadas de sonidos, todo nuestro mundo interno, desde nuestras peleas y sinsabores, heridas antiguas, hasta la expresión del ser esencial que anida detrás de nuestras “cáscaras”.
El sonido tiene la facultad de romper, con sus vibraciones circulares - a modo de masaje interno-, cualquier armadura o coraza.